RIBEIRO

El cultivo del viñedo ha sido siempre la principal fuente de riqueza de la comarca de O Ribiero. No se conoce con certeza cuál ha sido el origen de las variedades autóctonas de la zona, pero sí se sabe por testimonio del geógrafo e historiador griego Estrabón, que ya en la segunda mitad del siglo II antes de Cristo se elaboraba vino del Ribeiro. Con el paso de los romanos por estas tierras, los caldos del Ribeiro llegaron hasta la mesa de los emperadores.

Durante la Edad Media merecen mención especial los monjes de la orden del Císter. Estos religiosos se asentaron en San Clodio, en el municipio de Leiro, donde construyeron un monasterio. Conscientes del enorme potencial del Ribeiro, y expertos en Botánica y las técnicas de cultivo, se dedicaron con esmero al estudio de las variedades de uva autóctonas, que todavía hoy son seña de identidad de nuestros vinos.

Pelagio González, abad del monasterio de San Clodio a mediados del siglo XII, detalla en su testamento cuál había sido la ingente labor de reimplantación del viñedo y presumiera de la gran calidad de los vinos del Ribeiro, que al amparo de las peregrinaciones y la ruta del Camino del Santiago, llegó a Europa de la mano de los comerciantes judíos, que dejaron en Ribadavia su gran legado histórico y monumental.

Además del efecto impusor del monasterio de San Clodio, los monjes del monasterio de Oseira, que contaba con granjas y prioratos en las zonas del Ribeiro bañadas por el río Miño, dedicaron esas tierras al cultivo de la vid, como atestiguan los documentos de los siglos XII y XIII en el que religiosos y propietarios cierran acuerdos para dedicar las tierras al cultivo de la vid.